La IA destrozará tus textos (si se lo permites)

Introducción
En muchos lugares de internet, como Reddit, se ha discutido sobre el uso de la IA y se ha criticado a quienes publican textos creados con estos medios. Sin embargo, hay un caso particular (y muy triste) que quisiera tratar hoy aquí: hay también escritores principiantes que, aun habiendo escrito ellos el texto completo, creen erróneamente que aplicando los cambios sugeridos por la IA el resultado será mejor. ¡En absoluto!
Gracias a un usuario de un grupo de escritores de reddit, he sido conocedor de que hay quienes, a pesar de haber escrito un texto formidable, cometen el error de pedirle a la IA que lo revise y reescriba por inseguridad o la falsa creencia de que estas nuevas "inteligencias" sean infalibles. Para investigarlo, he puesto como ejemplo el primer capítulo de mi última novela para descubrir qué ocurría.
El resultado ha sido tan esperpéntico que he estado meditando un rato acerca de si lanzar esta publicación por el riesgo de que la imagen de mi novela quedara empañada por semejante atropello. Para ilustrar mi sentimiento, he utilizado una imagen terrible generada por IA a partir de un borrador de la cubierta de mi novela. He de añadir que ni yo me atreví a introducir la imagen original de la cubierta; sino que Alicia Pérez Lázaro, una amiga y autora de la novela juvenil «Luna de queso», se tomó el atrevimiento y me pasó el resultado.
Detalles de la prueba
- Texto original: 2000 palabras.
- Texto de salida: 681 palabras.
- Modelo: ChatGPT4 (sí, no es el mejor; pero lo era hasta hace unos meses)
Prompt o indicador: «Revisa este texto, corrige errores y reescribe lo necesario para que sea más publicable, emocionante y cautivador para el lector».
Texto escrito por la IA
Nota: El texto generado se presenta de manera literal, con errores ortográficos incluidos.
Capítulo 1 – El viaje de un dragón en espera
El sol arde sobre la costa. Las iguanas se extienden sobre los arrecifes de piedra caliza y los pterosaurios pequeñísimos surcan el agua como proyectiles, capturando peces con mandíbulas aserradas. En este mundo donde la agitación es sinónimo de cambio, cada movimiento lleva al viajero a un nuevo lugar, una nueva circunstancia, una nueva oportunidad.
“¡Hora de desembarcar!” gritó el capitán, su voz resonando sobre el claxon del buque que había arribado a los muelles. “Chico, recoge tus cosas y buena suerte.”
Yo, recién llegado al puerto de Medialuna, solo podía responder con un leve asentimiento. Había dejado atrás mi ciudad natal, Aureolis, para perseguir un sueño que siempre había estado al margen de la vida cotidiana: conducir dragones.
—¿Qué haces aquí? —preguntó uno de los jóvenes a mis espaldas, burlándose—.
—No me quedo en el mar. Necesito algo más. —replicé con la frialdad de quien sabe que su destino está escrito en otro lugar.—
El capitán se acercó y, tras un saludo breve, me recordó el propósito del viaje.
—Tú te has matriculado en la Dragonada de Medialuna, ¿no? Aquí entrenamos a los dragones argénteos, criaturas majestuosas que nos ayudan a transportar todo tipo de cargas.
—Sí —así contesté, sintiendo una corriente de nerviosismo y orgullo mezclados.
En el reino de Ritset, las bestias aladas eran más que animales; eran compañeras leales, compañeros de trabajo, amigos inseparables. A pesar de su tamaño—algunas tres veces la envergadura de un caballo—no había logrado la industrialización que los sustituyera.
Con apenas dieciocho años, mi elección se cristalizó: abandonar las aulas universitarias para dedicarse a una profesión tan antigua como el propio mundo. El recuerdo de mi padre, quien perdió la vida cuidando a un dragón militar en la playa, me impulsaba a seguir sus pasos y quizá encontrar respuestas en aquel lugar donde él murió.
La embarcación llegó sin demora al puerto. Desembarcé con paso decidido, con la esperanza de que el dragón que me esperaba en la estación de diligencias fuera más que una herramienta; quise sentir su rugido bajo mis pies antes de subir a su lomo.
El edificio solitario y achaparrado se erguía entre helechos y palmeras. A mi derecha, los carruajes tirados por dragones se alineaban en carriles numerados, sus escamas reluciendo bajo el sol. Los cocheros—hombres curtidos por la rutina—charlaban con facilidad, pero su mirada estaba fija en el horizonte, como si cada dragón fuera un guardián del futuro.
Mientras esperaba mi turno, me di cuenta de lo que realmente significaba ser un conductor de dragones: no era solo una cuestión de obediencia y fuerza física. Era un pacto de respeto, un equilibrio entre la voluntad humana y la naturaleza salvaje de estos gigantes alados.
Cuando el carruaje se acercó, el cocero le dio un pequeño golpe a las escamas del dragón con su látigo, señalando que era hora de partir. El animal respondió con una vibración suave, sus enormes alas batiendo en armonía. Yo me senté en la ventanilla izquierda y observé cómo la criatura se preparaba para el vuelo.
El viaje fue un torbellino de sensaciones: el rugido del dragón al acelerar, el viento que golpeaba mi rostro, las colinas verdes que desfilaban a través del cristal. Pero lo más impresionante fue la forma en que el dragón y yo nos movíamos como una sola entidad, cada movimiento sincronizado con precisión casi musical.
A mitad de camino, un carruaje cercano se acercó demasiado rápido. Los pasajeros, temblorosos, se aferraron a sus asientos mientras nuestro conductor, con destreza y reflejos agudos, guiaba al dragón para evitar la colisión. Aquel momento me recordó que, aunque los dragones son poderosos aliados, su temperamento puede ser impredecible.
Al llegar a Medialuna, me sentí como si hubiera cruzado un umbral. Aquí, en la Dragonada, no solo aprendería a controlar a estas bestias; descubriría lo que realmente significaba ser parte de una tradición antigua y viva.
Con cada paso hacia el centro, mi corazón latía más fuerte. No había duda: mi vida estaba a punto de cambiar para siempre.
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*El viaje apenas comienza.*
Errores que el lector no podría detectar sin conocer el original
- El chico no dialoga con ningún joven.
- El capitán no entrena dragones ni tiene relación alguna con su destino.
- Ritset no es un reino; sino un archipiélago.
- El chico nunca ha estado en la universidad.
- Decir que su oficio es una profesión tan antigua como el propio mundo es una exageración.
- Su padre no perdió la vida «cuidado a un dragón militar en la playa».
- El protagonista no se plantea seguir los pasos de su padre.
- El protagonista no tiene esperanzas de que su experiencia con dragones sea positiva, al contrario.
- En mi novela, los carruajes no van por el aire. Los dragones no pueden volar si están enganchados a cargas pesadas.
- Se inventa por completo el final y la llegada a su centro de entrenamiento.
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Comparación de fragmentos
Para permitir que el lector pueda cotejar las enormes diferencias entre mi texto original y el texto generado por ChatGPT, a continuación compararé un par de fragmentos entre sí.
Fragmento 1
Texto original
El sol brillaba en lo alto. Las iguanas se calentaban sobre los arrecifes de piedra caliza. Pterosaurios pequeñines se lanzaban al agua, como proyectiles, para capturar peces con sus mandíbulas aserradas.
Tanto en el mundo animal como en el humano, la agitación y el movimiento se relacionaban con algo muy significativo: el cambio de lugar, de ambiente, de circunstancias. Crecíamos y nos endurecíamos a base de sortear dificultades y conflictos.
Texto de IA
El sol arde sobre la costa. Las iguanas se extienden sobre los arrecifes de piedra caliza y los pterosaurios pequeñísimos surcan el agua como proyectiles, capturando peces con mandíbulas aserradas. En este mundo donde la agitación es sinónimo de cambio, cada movimiento lleva al viajero a un nuevo lugar, una nueva circunstancia, una nueva oportunidad.
La IA usa sinónimos sin mantener el mismo sentido. Expresa que las iguanas "se extienden", lo cual pierde el matiz de por qué están bajo el sol y puede confundirse con el significado de que ocupaban un sitio sin razón.
Asimismo, la IA cambia la acción de los pterodáctilos de "lanzarse al agua como proyectiles" por "surcar el agua", lo cual carece de lógica. Transforma el sentido universal del "cambio", a partir de la comparación entre el mundo humano y animal, a uno falsamente relativo, como si la metáfora solamente fuese coherente en ese mundo y no en el nuestro.
Fragmento 2
Texto original
Por fin se divisaba la costa sobre la cubierta de proa. Odiaba el mar y los barcos; pero no me quedaba otro remedio que estar ahí, marginado entre hombres forzudos y contenedores de mercancías. Mi hartazgo, tan mayúsculo, parecía atraer las miradas de varios jóvenes que volaban montados en sus dragones.
—Mira al chaval ese —le dijo uno al otro, burlón, mientras pasaban por encima de mi cabeza—. Otro cobardica.
Incluso en la distancia oía sus risas y comentarios. ¿Qué hacía un chico como yo viajando en un buque mercante? Había tan poca demanda de viajes marítimos que sólo la gente con miedo a las alturas se resignaba a una travesía innecesariamente larga y aburrida. Aun sin haber llegado, ya estaba dejando una pésima tarjeta de presentación.
Texto de IA
—¿Qué haces aquí? —preguntó uno de los jóvenes a mis espaldas, burlándose—.
—No me quedo en el mar. Necesito algo más. —replicé [sic] con la frialdad de quien sabe que su destino está escrito en otro lugar.—
La IA omite por completo la narración y el contexto de la burla. En su lugar, introduce unos diálogos inexistentes que carecen del menor atisbo de lógica. ¿Cómo que no se queda en el mar? ¿Cómo iba a quedarse si es un pasajero? La frase de que su destino está en otro lugar es una generación genérica, valga la redundancia, que no dice nada.
Conclusión
A la IA se le da bien emular o fingir que sabe hacer algo porque se expresa de manera formal y directa. Para nosotros, su tono desprende confianza, seguridad y claridad porque, biológicamente, nuestro cerebro interpreta las palabras de la IA al mismo nivel que un humano adulto experto en una materia. Sin embargo, basta con saber bastante de un tema para verle las costuras por todos lados.
Las inteligencias artificiales funcionan sobre una base probabilística: la IA toma palabras del texto original, sin comprender su significado, y altera las frases con sinónimos o expresiones similares que no preservan el tono, la intención o la simple lógica.
El ritmo va precipitado. Todo se construye para, a continuación, pasar a otro aspecto irrelevante o que no respeta la noción de causa-efecto. La IA intenta aquí el concepto de «mostrar» sin entender que ello implica sutilidad y un mensaje que vaya más allá de una manifestación literal del protagonista allá donde vaya.
Otro problema radica en el espacio. Dado que la IA busca sigue un patrón definido, cuando el texto presenta algún cambio temporal o ambigüedad en este sentido, ésta llega a afirmar cosas tan extrañas como que el barco llega al puerto, que él llega al puerto y que vuelve a llegar al puerto en distintos párrafos.
Las introspecciones son repetitivas. La IA intenta maravillar con frases cortas bien sonoras, pero completamente vacías de significado. Rompe la lógica argumental cuando, por ejemplo, dice que el padre del protagonista murió mientras cuidaba a un dragón en la playa. En el texto original se cuenta que su padre se ahogó mientras combatía cerca de la orilla.
La moraleja es sencilla: por ética y arte, un autor que se considere —o busque considerarse como tal—, no debiera emplearla a la ligera.