El uso (y el abuso) de la IA en la literatura

Introducción
Vivimos tiempos de grandes cambios. Esta premisa ha asolado la humanidad desde tiempos inmemoriales. No obstante, encuentra en nuestros días una significación especial debido al creciente uso y potencia de las inteligencias artificiales.
En lo tocante a la literatura, la IA ha sacudido completamente el avispero y no para bien. La aparente maestría y conocimiento de estas herramientas, unida la pereza y a la necesidad de reconocimiento rápido está llevando a muchos autores ha recurrir estas herramientas.
Esta entrada, basada en un hilo creado por mí en Reddit, busca reflexionar acerca de los motivos y de los efectos del uso (y abuso) de las inteligencias artificiales en la literatura. No será fácil, pues en la era del nihilismo, del posmodernismo y de la corrección política no ha cabida para argumentos universales ni sanciones basadas en principios morales fundamentales.
El deterioro de la calidad literaria
Nunca es buen momento para criticar las nuevas tendencias, pero voy a atreverme a abrir un melón: me preocupa cómo el uso indiscriminado y sin criterio de la IA va a causar un deterioro todavía mayor de la calidad literaria y a agravar el autoengaño soberbio de quienes aspiran a convertirse en escritores.
Seamos francos, escribir literatura es arduo y poco agradecido. Muchos de nosotros soñamos con poder vivir de la escritura o, al menos, con que nuestras obras lleguen a miles de lectores. Sin embargo, las habilidades del escritor no nacen por ciencia infusa; sino a base de esfuerzo, perseverancia y experiencias vitales.
Ante esta perspectiva, tan desafiante, no cabe duda de que un alto número de aspirantes ven la IA como un camino fácil, un atajo explotable para lograr un objetivo sin tanto sacrificio. He aquí la trampa: en la búsqueda incansable de aceptación, el autor novel se topa con una tecnología que confirma sus sesgos y que, para colmo, la sociedad percibe falsamente cual fuente de conocimiento superior.
La IA puede ser una herramienta útil para darnos ideas o aportarnos puntos de vista diferentes. Es capaz de explicar la teoría literaria muy bien. A pesar de ello, no tiene capacidad para analizar textos con criterio. Aparte de que su entrenamiento con textos en español es inferior, su racionamiento interno funciona según las reglas de la lengua inglesa y esto condiciona fuertemente sus análisis: fallos gramaticales, confusiones léxicas... entre sus respuestas podemos encontrar un aluvión de errores y barbaridades que un aspirante a escritor quizás tome a pies juntillas.
Impostura y autoengaño de los los pseudoescritores
Puede que un texto de IA no lo parezca a simple vista, o que gente como yo caiga en la absoluta ingenuidad. Aun así, la mayoría de las veces salta a la vista en las estructuras calcadas, en la monotonía del ritmo, en las incoherencias semánticas, en las metáforas forzadas y en otros detalles aparentemente nimios. Lejos de mejorar la publicabilidad de las obras, la IA termina por dificultar la autocrítica y el desarrollo de escritores que necesitan bajarse de su pedestal para analizar lo que ellos mismos le muestran al mundo.
La autopublicación se había erigido en esos años como una oportunidad para brillar con luz propia sin el amparo de una editorial y de sus intereses caprichosos. No obstante, el abuso de la IA causará nuevamente que un cierto número de lectores dejen de apostar por autores autopublicados ante la premisa de que, con gran probabilidad, sus libros no merezcan la pena.
Yo no busco criticar a nadie en concreto ni ofender a la gente, de todas las edades, que sienten pasión por la literatura. Solamente deseo resaltar una realidad que empaña nuestro trabajo y que, a la postre, colma el mercado de innumerables obras genéricas, insípidas y que se convierten en un atentado contra el acervo cultural hispánico.
La IA es más que una simple herramienta
La IA no es una herramienta al mismo nivel que las demás. Las llamamos herramientas porque sirven para algo. Sin embargo, un martillo o una guitarra no pueden realizar su trabajo por sí mismos; una IA, en cambio, sí puede escribir una novela entera. Existe una diferencia categórica. Así, por ejemplo, un corrector ortográfico te señala (posibles) errores, no escribe por uno mismo.
Para dejarlo claro, yo no cuestiono el uso de la IA como herramienta; sino su abuso. El abuso viene en dos formas:
La IA como inteligencia superior: Sucede cuando el autor piensa que las correcciones y sugerencias expresadas por una IA son infalibles. Esto ocurre cuando el autor no se ha preocupado de obtener experiencia suficiente.
La IA como ente creador: Sucede cuando el autor le deja todo el mando a la IA para crear oraciones, párrafos y capítulos completos. Aquí deja de ser una herramienta para sustituir al propio autor que, con su propio consentimiento, le cede la agencia de su obra al creer que así estará mejor o le ahorrará trabajo.
Falacias comunes para justificar el uso de la IA
El mundo moderno nos lleva a paradojas interesantes. A menudo, mis criticas sobre la impostura de autores cuyas historias y libros completos, publicados en Amazon y en otras superficies, despiertan una ira que se ve frustrada por su propia incapacidad para el debate. Ante ello, no les queda más remedio que recurrir a pasarles mis artículos a la IA de turno para rebata por ellos. Es llamativo y triste por partes iguales.
Quienes defienden el uso de la IA para generar textos completos suelen incurrir en varias falacias argumentativas:
- La falacia de que la IA ahorra tiempo: La IA puede mejorar la eficiencia de procesos algorítmicos, repetitivos, ordenados y concretos. Por el contrario, no ayuda a mejorar la escritura ni el estilo en la creación de obras literarias porque carece de entendimiento para el estilo y de la subjetividad necesaria para analizar la voz del autor
- La falacia de que la IA favorece democratización de la cultura: Los pseudoescritores suelen afirmar que el uso de la IA les permite publicar al solucionar sus carencias de gramática y ortografía. Esto, lejos de contribuir al desarrollo de la cultura entre la gente pobre o con escasez de medios, les resta cualquier clase de incentivo para aprender y labrarse un camino por autoaprendizaje.
Una cuestión aparte, aunque relacionada, está en el hecho mismo de los modelos de IA y su ejecución dependen en su estricta mayoría de enormes empresas multinacionales. ¿Cómo puede ser compatible esta supuesta democratización de la cultura con el monopolio empresarial y la dependencia tecnológica? - La falacia de que la IA es una herramienta equivalente a un editor: Algunos pseudoescritores aducen que el uso de la IA les permite compensar el beneficio que otros escritores poseen gracias a sus editores y correctores.
Aunque no cabe negar que existen grandes desigualdades en este campo, existe una diferencia práctica y ética importante entre recibir los consejos de un editor y que la IA reescriba por completo el texto de un autor sin que éste ponga nada de su parte.
En el momento en que la IA realiza todo el esfuerzo ya deja de ser un trabajo colaborativo para convertirse en la labor tradicional de un "escritor en negro". Si alguien se vuelve dependiente de una IA, esta persona será incapaz de crear arte. - La falacia de que rechazar la IA se convierte en una romantización del sufrimiento: Uno de los argumentos más peregrinos de los pseudoescritores reside en su afirmación de que oponerse al uso de la IA en la escritura implica romantizar la dificultad vinculada al propio proceso creativo. En absoluto. Crear no implica sufrimiento. El esfuerzo en desarrollar una obra repercute muy positivamente en nuestras propias capacidades intelectuales.
- La falacia de que rechazar la IA se traduce en una demonización de la tecnología: No, oponerse al uso de la IA para campos o casos en específico no convierte automáticamente al detractor en un ludita o individuo contrario a las nuevas tecnologías.
Está claro que la IA ha llegado para quedarse. La pregunta que sigue en el aire es: ¿cuáles serán sus efectos a largo plazo en la escritura y la calidad literaria de las obras publicadas?